Carta de monseñor Juan Rubén MartÃnez, obispo de Posadas
En este 9 de julio estamos celebrando la Misa y cantando elTe Deum en nuestra Catedral agradeciendo y pidiendo a Dios por nuestra Patria.
Carta de monseñor Juan Rubén MartÃnez, obispo de Posadas
para la Solemnidad de Nuestra Señora de ItatÃ.
En este 9 de julio estamos celebrando la Misa y cantando elTe Deum en nuestra Catedral agradeciendo y pidiendo a Dios por nuestra Patria. Junto con la celebración por la Independencia Nacional, también hacemos memoria de Nuestra Señora de ItatÃ, patrona de la diócesis de Posadas y de todo el Nordeste argentino. Esta advocación de Itatà con la que honramos a la madre de Jesús es una devoción antigua y querida en el Pueblo de Dios en la región del NEA.
Queremos tener especialmente presente en la memoria al sacerdote franciscano Fray Luis Bolaños quien recorriendo el rÃo Paraná llevó la imagen de la Virgen al lugar. Él fue quien construyó en 1589 el primer oratorio a la Virgen de ItatÃ,y el 7 de diciembre de 1615 fundó el pueblo de ItatÃbajo el nombre de «Reducción de la Pura y Limpia Concepción».
Los restos del padre Bolaños descansan en la BasÃlica de San Francisco en Buenos Aires.
MarÃa siempre acompañó a la Iglesia. Desde su mismo nacimiento en la mañana de Pentecostés ella estuvo junto a los apóstoles: «Todos ellos, Ãntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañÃa de algunas mujeres, de MarÃa, la madre de Jesús» (cfr. Hech 1,14). Desde los primeros siglos, los cristianos veneran a Santa MarÃa bajo diversas advocaciones ligadas a temas teológicos como el tÃtulo tan antiguo de «MarÃa, madre de Dios», o en referencia a lugares donde la Iglesia evangelizaba. En América Latina, desde que la fe cristiana llegó a nuestras tierras, MarÃa, nuestra Madre, estuvo presente.
A MarÃa de Itatà que siempre nos acompaña, le pedimos en nuestra fiesta Patria que interceda ante nuestro Padre Dios por todos los argentinos.
En este 9 de julio queremos pedir por la Patria, y en nuestra memoria histórica recordar a aquellos que con valor en el «Congreso de Tucumán» decidieron nuestra Independencia y a tantos hombres y mujeres que desde el compromiso ciudadano, con honestidad y entrega abrieron caminos de esperanza.
También queremos pedir por nuestro tiempo, que tiene luces y sombras. Tenemos la certeza de que sólo desde la «cultura del encuentro», desde el diálogo y la magnanimidad, sin el egoÃsmo que pone lo propio por encima de lo común, sólo asÃ, podremos pensar un mañana vivible.
En esta oración por la Patria, volvemos a decir que «queremos ser Nación» con la conciencia de que sólo saldremos de las sombras de la pobreza estructurada cuando tomemos la firme decisión de superar la corrupción que lamentablemente tiende a estructurarse, y podamos sanear nuestras instituciones.
En el dÃa de la Independencia queremos reafirmar nuestra identidad cultural frente al desafÃo que presenta el fenómeno de la globalización, favorecido por el rapidÃsimo avance de la tecnologÃa en las comunicaciones. Nuestro tiempo requiere impregnar esta globalización con valores auténticos, evangelizándola y humanizándola, transformándola en «globalización de la solidaridad». Es necesario también revalorizar las culturas locales desde la sabidurÃa de nuestro pueblo, evitando una mera mimetización materialista.
A nuestra madre de ItatÃ, en este domingo, le encomendamos nuestra Patria para que ella interceda por nosotros y asÃ, con la bendición de Dios todos podamos esforzarnos por construir una Nación donde reinen la justicia y la paz.
Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan Rubén MartÃnez, obispo de Posadas.
