
¿Folclore o Violencia? El desafío de transformar la cultura del fútbol argentino
En una reveladora entrevista, el psicólogo Hernán Figueredo analizó cómo las conductas agresivas se han normalizado bajo la excusa del "folclore" y la importancia de trabajar la tolerancia a la frustración desde las categorías formativas.
El fútbol argentino es reconocido mundialmente por su pasión, sus cánticos y su colorido. Sin embargo, detrás de esa fachada festiva se esconde una realidad más sombría: una violencia arraigada que, según el Lic. Hernán Figueredo, hemos aprendido a normalizar. Durante su paso por el streaming Habla Misiones, el especialista desglosó los factores que alimentan esta problemática y propuso una mirada crítica sobre nuestras costumbres deportivas.
La trampa del "Folclore"
Uno de los puntos centrales de la charla fue la distinción entre las tradiciones positivas y aquellas que lastiman. Figueredo señaló que, si bien el folclore incluye valores como la hermandad y el sentido de pertenencia, también abarca prácticas violentas que no debemos ignorar.
"El folclore se usa como excusa para avalar actos de violencia. En la cancha está socialmente autorizado putear, e inclusive muchos creen que es necesario", explicó el profesional .
Esta "autorización social" genera un impacto directo en el deportista, quien muchas veces debe soportar insultos en su lugar de trabajo bajo una presión desmedida que afecta su salud mental.
Agresión vs. Violencia
Figueredo marcó una diferencia técnica fundamental para entender el juego:
- Agresividad: Es la energía necesaria para cumplir un objetivo deportivo (disputar una pelota, saltar a cabecear) sin la intención de dañar al otro.
- Violencia: Es cuando el objetivo es directamente lastimar al rival o anular su voluntad.
El psicólogo advirtió que esta violencia es multifactorial, destacando como principales causas el mal manejo de la frustración y el aprendizaje social. "En todo deporte va a haber frustración porque uno va a perder. Si no se puede tramitar en el pensamiento, pasa a la acción", afirmó.
El rol de los referentes y los medios
La entrevista también puso el foco en la responsabilidad de los jugadores profesionales y los medios de comunicación. Los niños copian las conductas de sus ídolos; si un referente insulta a un árbitro o se pelea con un rival, los más chicos interpretan que ese comportamiento es el correcto.
Asimismo, criticó el papel de ciertos sectores del periodismo que minimizan conductas violentas: “El primer cambio como sociedad me gustaría que se haga en los medios. A veces escucho a exjugadores decir que el futbolista debe prepararse para que lo puteen, y eso es un montón”.
Hacia una cultura del encuentro
Como solución, Figueredo apeló a la "cultura del encuentro", un concepto que invita a aceptar las limitaciones propias y ajenas. En las etapas formativas, esto se traduce en naturalizar el error: aceptar que un defensor puede errar un pase o un delantero un gol, sin que eso desate una catarata de agresiones.
"Hay que reconocer que hay algo que está mal para poder cambiarlo. No hace falta atacar para disfrutar de un logro ajeno", concluyó el especialista, dejando un mensaje de reflexión para padres, entrenadores e hinchas.
El desafío de un nuevo comienzo
El fútbol, como la vida, es un espacio de encuentro, no un campo de batalla. La entrevista nos deja una lección clara: la pasión no es una licencia para la violencia. Transformar nuestro "folclore" no significa quitarle el color a las tribunas, sino devolverle la humanidad al juego.
Si queremos que las próximas generaciones disfruten del deporte sin miedo, el cambio empieza hoy: en el respeto al árbitro, en el silencio ante el error del rival y en la contención de nuestros hijos cuando el resultado no es el esperado.
Reconocer que algo está mal es el primer pase para ganar el partido más importante: el de una sociedad más sana.