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Independiente y River no salieron del cero en un partido de goles anulados

El Rojo y el Millonario empataron 0-0 en el estadio Libertadores de América. El local anotó dos tantos y el visitante uno, pero todos fueron invalidados por posición adelantada.

Independiente y River no salieron del cero en un partido de goles anulados

El Rojo y el Millonario empataron 0-0 en el estadio Libertadores de América. El local anotó dos tantos y el visitante uno, pero todos fueron invalidados por posición adelantada.

Independiente y River empataron 0-0 en el estadio Libertadores de América de Avellaneda, en un encuentro correspondiente a la fecha 4 del Grupo B del Torneo Clausura. 

Santiago Montiel y Walter Mazzantti para el Rojo, y Miguel Borja para el Millonario, fueron los autores de los tantos anulados en el inicio de la segunda etapa.

El empate sin goles fue mentiroso. Independiente y River entregaron un buen partido. Un duelo que dejó como saldo sensaciones ambivalentes para ambos. El Rojo tuvo su mejor presentación en el semestre: fue superior, generó más situaciones claras que su rival, puso en aprietos a Armani y no le convalidaron dos goles a Montiel y a Mazzantti por offsides, pero sigue sin ganar en el Torneo Clausura, certamen en el que sumó apenas dos puntos en cuatro encuentros. El Millonario, al que también le anularon un gol de Borja por posición adelantada, se sostuvo gracias a los guantes de Armani, quien apareció en momentos cruciales.

En el plano de los merecimientos, el local reunió más argumentos para justificar una ventaja que, si no llegó, fue por falta de eficacia. Julio Vaccari seguramente se fue mucho más tranquilo que como había llegado a este cruce. Su equipo dio la talla y ejercitó la memoria que parecía haber perdido en los cinco partidos que había jugado en esta segunda mitad del año. Volvió a exhibir la intensidad para presionar, la vehemencia en los cruces, la dinámica para el desmarque y el ritmo que lo llevaron a despertar la ilusión y los aplausos de sus hinchas en el semestre anterior. Recuperó la identidad justo ante el adversario más complicado que le tocó: un River que venía entonado y que había convertido diez goles en los cuatro partidos que llevaba jugados después del Mundial de Clubes, entre el Clausura y la Copa Argentina.

Sin Paulo Díaz, y tras la salida de Pezzella por lesión, River quedó con una zaga inédita compuesta por Boselli y Rivero. Y lo sintió, porque perdió consistencia y solidez. Por eso Armani tuvo más trabajo del habitual. El Muñeco advirtió que su planteo inicial no funcionó y que las grietas eran evidentes. Sus dirigidos no encontraban la pelota y sufrían. Por eso en el complemento buscó una reacción con los ingresos de Quintero y Galoppo por Lencina y Enzo Pérez.

 

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